Correr con el espíritu

Correr desde las emociones y con las emociones.

Ayer la rabia se tornó en calma: un skype con la familia, un paseíto bajo el orbayu,  unas sidras con los amigos,…

La calma, la espera, la toma de conciencia de en qué punto estoy y dónde quiero ir.

Los costes, físico y emocionales, de una actividad física exigente, de un entrenamiento duro, son también físico y emocionales. Igual que mi cuerpo ha cambiado en estos 7 meses también mi mente y mi forma de sentir.

Mi cuerpo pesa menos y puede más.

Mi mente pesa menos y puede más.

Hoy os traigo un ejemplo de lo que es correr con el espíritu, desde las emociones y con las emociones:

Correr con el espíritu

Por Kike Nieto, Corredor de Historias – 03/12/2014
El Monte Hiei, donde viven los monjes corredores protagonistas del artículo

No hace mucho que tratamos aquí el caso de los seguidores del gurú Sri Chinmoy, que hacen [ la carrera más larga del mundo ], de 5.000 kilómetros, en 52 días. Ya entonces decíamos que eran corredores que usan las piernas y el espíritu a partes iguales, porque para ellos el hecho de correr supone una manera de elevar su espíritu y acercarse a la divinidad. Pues bien, en el monte Hiei, en Japón, hay un grupo de monjes que no sólo corren 52 días al año, sino que hacen de correr una forma de vida y de trascendencia espiritual.

Estos monjes alcanzan su plenitud espiritual corriendo, y lo hacen siguiendo un régimen brutal a la hora de correr por unos itinerarios determinados. Tienen que pasar por lugares sagrados, aunque también es cierto que para ellos son sagrados muchos emplazamientos, incluyendo picos, ciertas piedras, árboles, cascadas y otros enclaves en la naturaleza.

La distancia que recorren en este viaje físico y espiritual es prácticamente increíble. Ellos se inician el primer año con 100 días consecutivos corriendo 40 km cada jornada. Esto lo repiten en los siguientes dos años. El cuarto y quinto año hacen 200 días al año en dos tandas de 100 cada una. Después del día 700 de carrera, o sea, al cabo de 5 años, pasan 9 días de ayuno completo, sin agua, comida ni dormir. Se supone que en estos días logran dar un paso más en su acercamiento a lo sublime.

Una vez que logran traspasar este estado no descansan, sino que las cosas se ponen más duras todavía: pasan a correr en el sexto año 60 km diarios durante 100 días consecutivos, y 85 km diarios el séptimo. Como cosa curiosa, su santuario no está lejos de Tokio, y para cubrir estas distancias en ocasiones se adentran en la ciudad y parece ser que es posible encontrarse con algún monje en el centro de la ciudad bendiciendo a quien se cruza con él.

El autor John Stevens escribió un libro sobre los monjes corredores del Monte Hiei

Túnica y sandalias

Para poner en perspectiva la distancia, en 7 años estos monjes recorren más de 42.000 kilómetros, cifra superior al perímetro de la Tierra. Así que sin salir de su entorno dan una vuelta al mundo corriendo en sólo 7 años.

Todo esto no lo hacen con ningún tipo de equipación especializada como las que vemos en cualquier parque o carrera popular. Los monjes del monte Hiei llevan solamente sus túnicas y unas sandalias o zapatillas de esparto. Además, como únicos complementos llevan un cuchillo y un cinturón que sujeta su túnica.

Hay que tener en cuenta que estos monjes no contemplan el fracaso o el descanso como una opción. De hecho el cinturón y el cuchillo que llevan no tienen una función estética o práctica solamente, sino que se supone que si algún día no pueden completar la tarea que tienen que llevar a cabo deben ahorcarse con el cinturón o matarse con su propio cuchillo. Al menos eso dice la teoría.

Lo que más impresiona de estos monjes, en fin, es que su régimen de entrenamiento no se basa en el cuerpo, sino en la mente y el espíritu. Las bases son la meditación, la respiración, la concentración y la voluntad. De esta manera logran correr con el espíritu, no sólo con el cuerpo o la mente. Ellos mismos cuentan que logran olvidarse tanto del entorno en el que están que son capaces de ir subiendo y bajando a la misma velocidad. No es fácil seguir su ejemplo, pero sí que es cierto que gran parte del esfuerzo en los corredores es mental. Quizá añadiendo una dimensión espiritual lográsemos ser todavía mejores corredores. ¿Quién sabe?

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